Entrevista con Laura Blanch

Entrevista con
Laura Blanch

Hablar de Artespa es hablar de una familia que ha crecido entre el aroma del pan recién hecho y el esfuerzo compartido. Con décadas de historia, este negocio familiar ha sabido reinventarse sin perder su esencia. En 2017 dieron un paso más con la apertura de su cafetería, un espacio moderno que conserva la autenticidad de sus raíces y que se ha convertido en punto de encuentro para quienes valoran los sabores de siempre, elaborados con mimo y productos de proximidad. Al frente de la gestión está Laura Blanch, tercera generación de panaderos y alma inquieta que combina su labor en la empresa con su pasión por el bienestar y el Pilates.

Artespa es un negocio familiar con décadas de historia, pero en 2017 abristeis la cafetería aportando un giro moderno al concepto tradicional y local. ¿Cómo surgió esta idea y qué buscabais aportar a la ciudad con ella?

Lo que vimos en ese momento, a principios de la década de 2010, es que el concepto de panadería estaba algo estancado. Existían cafeterías, sí, pero no el modelo de panadería-cafetería más abierta y dinámica que empezábamos a ver en ciudades como Valencia. Queríamos un espacio más joven, con Wi-Fi, donde la gente también pudiera venir a trabajar, algo que entonces no era habitual. Costó un poco convencer a mi padre, pero mi madre siempre ha sido la que nos ha impulsado a seguir hacia adelante. Así decidimos dar una vuelta al concepto tradicional y crear un lugar más vanguardista, con otro ritmo y un punto de vista más actual para la ciudad.

Vuestros productos se elaboran con ingredientes de Km 0 y métodos artesanales, como el pan de masa madre. ¿Por qué es importante para vosotros mantener esta filosofía?

Porque no queremos entrar en una competencia de precios. Ese mercado ya está saturado. Nosotros apostamos por la calidad y el producto artesano, elaborado con materias primas de aquí, poniendo en valor los productos de nuestra comarca. Mi madre sigue yendo al mercado a comprar las berenjenas, los pimientos o el bacalao que después preparamos. Apostamos por respetar los tiempos de fermentación, por una buena harina, por el trabajo hecho con cariño.

Mientras tus hermanos están en el obrador, tú te centras en la supervisión y gestión. ¿Cómo es organizar y mantener la calidad en un negocio familiar con tantos años de historia?

Es complejo, no te lo voy a negar, pero cada uno tenemos nuestro papel. Mi hermano mayor es el panadero, muy exigente con las harinas y las fermentaciones. El segundo está más centrado en la bollería y conserva fórmulas de nuestros abuelos, que ya tenían horno en Almazora. Yo me encargo más de la gestión, el personal y la parte organizativa. Y, aunque mi madre está jubilada, sigue siendo la mirada final que revisa la calidad de todo.

Además de Artespa, desarrollas tu proyecto como instructora de Pilates. ¿Cómo compaginas ambos mundos?

El negocio familiar es mi vida, me he criado detrás del mostrador. Pero el Pilates me aporta equilibrio y silencio, algo que en la hostelería no siempre es fácil. Es mi forma de reconectar conmigo misma y con los demás. Empecé como alumna y acabé dedicándome a ello. Desde 2009 no he dejado de formarme y también imparto clases por las tardes, una vez salgo de la panadería. Ayudar a otras personas a sentirse mejor me recarga las pilas. Es mi otra pasión, y creo que ambas cosas, la tradición y el bienestar, se complementan perfectamente. 

Artespa
Rda. del Millars, 87, 12100 Castelló
Carrer la Tanda, n5, 12530 Borriana, Castelló
Av. de la Constitució, 12520 Nules, Castelló
964 51 44 49
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