Entrevista con MARIAN SACO

Entrevista con
Marian Saco

Marián Saco es un ejemplo de evolución creativa constante, donde la educación y la comunicación dieron paso a un compromiso artístico profundo y vital. Desde su infancia, la creatividad ha sido su motor y su lenguaje para transformar emociones e ideas en obras con alma. Su obra, ahora nacida en Vila-real tras un inesperado giro en su camino desde su Córdoba natal, refleja una maduración que va más allá de lo visual, invitando a la reflexión y a la conexión íntima con el espectador. Para Marián, crear no es solo un acto, sino una forma de vivir y sentir el mundo, con la palabra, la pintura o la cerámica como sus aliados inseparables.

Vienes del mundo de la educación y la comunicación, y ahora vives volcada en tu faceta artística. ¿Cómo ha sido ese tránsito vital y creativo? ¿Cómo lo estás viviendo?

Más que un tránsito, lo mío ha sido una evolución, un crecimiento dentro de algo que siempre estuvo en mí. Desde niña me recuerdo muy creativa, con una necesidad profunda de comunicar, de transformar ideas y emociones en algo concreto. La escritura fue mi primer canal de expresión, y mucho después llegaron la pintura, cerámica y la escultura. Siempre he sido una persona empática y sensible, lo que ha hecho que mi forma de comunicar sea compleja, cargada de matices. Siento que el crecimiento como artista es infinito. No me imagino una vida sin crear, salvo que una enfermedad como el Alzheimer, que sufrió mi padre, me lo impidiera. Crear no es solo materializar un libro, un cuadro o una escultura; también ocurre en lo cotidiano, en lo mental. Los artistas despertamos y nos dormimos creando. Por eso, cuando llegue el momento de irme, espero hacerlo así: creando.

Y ahora tus creaciones nacen en Vila-real. ¿Alguna vez pensaste que la vida te traería hasta aquí?

Nunca lo imaginé. Siempre soñé con un taller en la judería de Córdoba, mi tierra, donde los visitantes pudieran encontrarse con mi obra al pasear por una ciudad cargada de historia. Pero la vida tiene caminos inesperados. Llegué aquí por el trabajo de mi marido, no por el arte. Y, sin embargo, ha sido en este nuevo entorno donde he experimentado una maduración artística muy profunda. Pensaba que mi obra estaba determinada por mis raíces andaluzas, pero fue al salir de lo conocido cuando verdaderamente crecí. Vila-real y Castellón me han ofrecido una nueva mirada, una forma diferente de vivir el arte. El cambio me obligó a adaptarme, a explorar nuevos lenguajes, y eso me transformó.

¿Qué te inspira cuando creas?

Me inspira la vida. Todo lo que creo tiene un sentido, una intención. No sé crear sin un “por qué”. Ya sea en lo abstracto o en lo figurativo, siempre hay un mensaje. Busco que quien contemple la obra se sienta reflejado, que conecte, que reflexione. Porque la vida está hecha de momentos buenos y difíciles, y de ambos podemos aprender. Me interesa provocar preguntas, despertar curiosidad, invitar a mirar los detalles, a entender que lo efímero también es valioso. Esa es mi filosofía como artista.

Tus obras tienen una carga simbólica muy potente y sueles acompañarlas de textos. ¿Qué papel juega la palabra en tu proceso artístico?

Un papel fundamental. Muchas veces el proceso comienza con la palabra, con una reflexión escrita que va tomando forma visual en mi mente. A medida que dibujo o esbozo, vuelvo a escribir. Hay un diálogo constante entre palabra e imagen. No busco solo que la obra impacte visualmente, sino que también resuene emocionalmente a través del texto. Esa combinación permite una experiencia más completa.

Aunque te conocemos sobre todo por tu pintura, también trabajas otras disciplinas como la cerámica. ¿Qué te aporta el contacto con distintos materiales?

Cada obra nace con una necesidad distinta. A veces basta con la pintura, pero otras veces necesito tocar, dar forma, crear texturas. Por eso la cerámica me fascina: une pintura y escultura. Me permite crear obras que se ven, pero también se tocan. El arte, para mí, pasa por los sentidos. Cuando mi padre enfermó de Alzheimer y fue perdiendo poco a poco la capacidad de sentir —ver, tocar, oler— comprendí lo esencial que es el sentido para vivir. La cerámica me conecta con eso: con la vida que se experimenta con todo el cuerpo. Por eso necesito explorar distintos lenguajes, no me limito.

Tu primera exposición en Castellón tuvo lugar en el estadio de La Cerámica, en la sala Club 1923. ¿Qué supuso para ti ese hito?

Fue una experiencia maravillosa. Para mí, crear no es un proceso tranquilo: es un conflicto interno, una lucha entre hemisferios del cerebro. Crear es ordenar, cuestionarse, buscar sentido. Y esa ansiedad forma parte del camino. Además, tengo una visión del arte profundamente social. No creo en crear por crear. Siento que el arte debe cumplir una misión: dejar algo en quien lo contempla. Por eso no me preocupaba si las obras se vendían o no, sino que quien visitara la exposición se llevara algo consigo. Ese espacio tenía todo lo que buscaba: luz, amplitud, altura… Y también un simbolismo personal. Estoy en Vila-real gracias al Villarreal, por el trabajo de mi marido en el fútbol. Pero ha sido aquí donde he encontrado un nuevo horizonte como artista.

Has fundado el proyecto “Mi primera obra de arte” y pronto abrirás una escuela para pequeños grandes artistas. ¿Qué te mueve a trabajar con la infancia desde el arte?

Es uno de mis proyectos más ambiciosos. Ya lo fundé en Córdoba y en septiembre abrirá sus puertas en Vila-real. Mi objetivo es ayudar a los niños a encontrar su lugar en el mundo, a ser adultos felices, emocionalmente sanos y conscientes. Siempre he creído que “al niño, como al arbolito, desde pequeñito”. Si les enseñamos a valorar el mundo, a canalizar sus emociones y a mirar con empatía, estamos construyendo una sociedad más fuerte y equilibrada. El arte es una herramienta maravillosa para eso: permite integrar lo emocional, vivir desde la creatividad, transformar incluso el dolor en algo bueno. Mi apuesta es que nunca dejen de crear.

En tu día a día, ¿cómo se entrelazan la educación, el arte y esa mirada filosófica que te define?

Creo que estamos saturados de ver logros, pero pocas veces nos muestran el camino hasta ellos. Para mí, lo verdaderamente valioso no es solo ver una gran escultura, sino entender cómo alguien común la creó. Por eso, desde la educación, el arte y la reflexión, intento mostrar los procesos, no solo los resultados. Así se siembra verdadera inspiración.

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