Entrevista con Yunke

Entrevista con
Yunke

Campeón mundial de magia, creador de espectáculos de gran formato y referente indiscutible del ilusionismo, Yunke ha hecho de su pasión una forma de vida. Desde sus inicios en los pueblos de nuestra provincia hasta recorrer medio mundo con Hangar 52, su magia no solo asombra, también emociona. En esta entrevista, nos abre las puertas de su universo creativo, nos habla del esfuerzo que hay detrás de cada número y de cómo ha logrado mantener intacta la capacidad de sorprendernos. Porque para él, la verdadera magia no está solo en los trucos, sino en la conexión con el público.

¿Qué es para ti la magia hoy y cómo ha cambiado desde tus inicios?

La magia evoluciona con los tiempos, como todo. Cuando empecé, la sociedad era más tranquila, había menos prisa. Hoy vivimos en una cultura de la inmediatez, influenciada por las redes sociales y la televisión. Eso ha cambiado también la forma en que el público consume los espectáculos. Pero, pese a todo, la capacidad de asombro del espectador se mantiene. Y eso es lo que sigue haciendo que la magia tenga sentido.

Porque una cosa es la magia como disciplina artística y otra muy distinta es producir un espectáculo de gran formato.

Son cosas completamente distintas. Hangar 52 no es solo magia: hay efectos especiales, iluminación, escenografía, un equipo de más de 25 personas aunque solo 6 aparezcamos en escena… Son pocos los espectáculos de este tipo en Europa, incluso en el mundo. Y para sostener algo así, necesitamos llenar. No hay otra fórmula.

¿Cómo es el proceso creativo detrás de un show así?

Lento y progresivo. Yo no me lancé a esta aventura de golpe, sino después de más de 30 años dedicándome a la magia. He ido aprendiendo durante toda mi trayectoria; y no cuento solo con la experiencia, sino también con la popularidad y la fidelidad del público. Es en ese momento cuando doy el salto y creo Hangar 52. Este espectáculo nace para una gira de 30 ciudades en China y, después, volvimos a Europa para hacer cuatro temporadas en Madrid. También hemos estado en Valencia, Barcelona o Castellón, y ahora seguiremos por Riad (Arabia Saudí).

¿El público responde igual en todos los países o tienes que tener en cuenta también dónde estás?

El público reacciona de forma distinta, incluso dentro de un mismo país el humor varía según la zona. Me gusta fijarme en los detalles cuando llego a un nuevo destino para adaptarme. Recuerdo que cuando empecé a actuar en China, hace 25 años, aplaudían con solo tres palmadas, una costumbre cultural que me llamó mucho la atención. Ahora ya aplauden como nosotros, y eso te hace ver que, aunque hay diferencias que hay que tener en cuenta, el mundo está muy globalizado y cambia rápido. En Arabia, por ejemplo, no tengo ni idea de cómo van a reaccionar frente a los efectos o si se reirán con los detalles cómicos… Lo que hay que conocer bien es la cultura, para no hacer ni decir nada que pueda sentar mal. Creo que es fundamental ser respetuoso allá donde vayas.

Eres uno de los grandes ilusionistas de nuestro tiempo. ¿Recuerdas un momento clave que haya marcado un antes y un después en tu carrera?

No creo que haya un momento exacto. Me siento afortunado porque, desde que descubrí la magia, he ido creciendo de forma progresiva. Es cierto que los premios mundiales no solo te dan reconocimiento, sino que también aumentan las contrataciones; pero no he sentido un antes y un después claro. Siempre creo que puedo seguir aprendiendo y mejorando. Tampoco se trata de un golpe de suerte, sino de trabajo constante y esfuerzo. La experiencia es un camino de largo recorrido que va dando sus frutos.

¿Cuál ha sido el reto más grande u obstáculo que te has encontrado?

Te diría que grabar de manera continuada en un programa de televisión fue uno de los mayores retos. Hicimos varias series de trece capítulos y una temporada con 37 programas. Cada vez tenía que recurrir más al ingenio, ser más original. No quería bajar el nivel, así que cada semana hacía cosas más espectaculares, intentando superarme. Aguanté el ritmo y eso me permitió generar mucho material. De hecho, en este espectáculo hay muchos números que salieron de aquella etapa en televisión.

¿Televisión o directo?

Directo, sin duda. En televisión tienes 4 o 5 minutos, no hay margen para remontar o mejorar. En el directo puedo hacer los números más calmados, ir poco a poco, y además tengo el contacto con el público. Me gusta que la gente sienta diferentes emociones durante el espectáculo, que no solo vean el efecto de magia, sino algo más.

¿Cómo trabajas el acting, el humor, el storytelling… todo lo que acompaña a la magia?

Quiero crear y transmitir una sensación mágica. Ese es el objetivo principal. Paralelamente, intento contar cosas interesantes. El reto es encontrar el equilibrio para que no distraigan del efecto mágico. Intento tematizar el espectáculo, contar microhistorias que generen hilos conductores. Que sea ameno, con ritmo, pero siempre dando el peso a la magia, que es mi lenguaje.

¿Qué significa que haces “magia de autor”?

Es un concepto que me gusta destacar. Yo no interpreto trucos comprados a otros fabricantes, sino que diseño mis propios números, con todos sus elementos. Para mí es algo muy personal, un valor añadido y único que convierte esto en un arte especial. Lo difícil en este mundo es diferenciarse, tener una esencia propia.

¿Y cómo es el mago fuera del escenario?

Lo bueno que tiene este arte es que uno no interpreta un papel. Yo no me transformo en un mago: soy lo mismo que el público ve. Quizá hablo de forma más marcada sobre el escenario, pero mis valores, mi forma de entender la vida, mi personalidad, son las mismas. Si fuera actor, adoptaría el personaje de mago, pero yo me siento mago en mi día a día, desde pequeño. La magia es mi pasión, mi forma de vida.

¿Y si no hablamos de magia… qué tiene truco para ti?

La política que la gente de a pie no entendemos, creo que tiene truco. Me decepciona ver tanta injusticia, tantos problemas, que el ser humano no parece evolucionar, que seguimos en guerras… Creo que hay algo oculto que no sabemos y que a alguien le interesa que las cosas vayan mal. Cuanto más globalizado esté el mundo y más nos ayudemos entre todos, más avanzaremos y mejoraremos como sociedad.

¿Tu imagen forma parte del espectáculo? ¿Cómo trabajas la estética?

La estética y el estilo tienen valor, hay que trabajarlos. Los magos suelen vestir de forma clásica, pero yo he querido darle un cambio a esa imagen. En este espectáculo, por ejemplo, me he inspirado en los pilotos de hangares, con chaquetas de parches. Sigo una estética y en el show hay distintos vestuarios, todos con coherencia. Suelo ir casual, pero también me gusta vestir elegante cuando la ocasión lo merece. 

¿Qué te queda por hacer?

La magia es mi vida y creo que he conseguido más retos de los que imaginaba. Nunca pensé en ser campeón de España o ganar un mundial, y he vivido experiencias increíbles. Cuando terminamos la gira en China, pensé que ahí se acababa todo, pero fuimos a Madrid y llenamos durante siete semanas. Ahora me hace mucha ilusión actuar en Arabia Saudí por primera vez. Y si hay un reto que me haría especial ilusión, sería hacer una temporada completa en Gran Vía.

Dicen que nadie es profeta en su tierra. ¿Qué significa para ti Castellón?

Castellón me lo ha dado todo. Si no hubiera nacido en un pueblo de Castellón, seguramente no me dedicaría a la magia o no habría llegado donde lo he hecho. He actuado en muchas fiestas de pueblos, en comisiones de fiestas, en gaiatas… y gracias a esos espectáculos pude aprender, grabarme, verme, mejorar y seguir trabajando en lo que me gusta. Siempre he sentido mucho apoyo y cariño. Por eso quería que Hangar 52 estuviera aquí cuatro semanas, que no es lo habitual. Me viene a ver mucha gente, me valoran mucho y yo estoy muy agradecido. Además, mis orígenes han influido en cómo soy como mago. Conocer al carpintero o al herrero, y tener espacio para construir mis diseños me ha ayudado muchísimo. He inventado muchos juegos de magia que se han hecho realidad gracias a haber nacido en un pueblo, con recursos cercanos y de confianza.

¿Te cuesta estar frente a la cámara cuando no hay magia de por medio?

Yo nunca he querido la vida del artista. Cuando termino el espectáculo, te diría que incluso me cuesta quedarme a recibir los aplausos porque me da vergüenza. Soy una persona bastante tímida. La magia es mi pasión y acepto lo que conlleva, pero hay cosas que me cuestan por mi personalidad. Valoro mucho la humildad, saber reconocer lo que haces bien y también escuchar lo que puede ayudarte a mejorar. Cuando alguien cree que ya lo sabe todo, deja de aprender. Tener los pies en el suelo es fundamental. Me encanta salir al photocall después del show porque, mientras me hago fotos con el público, puedo preguntarles qué les ha parecido. Eso me permite recopilar opiniones y seguir mejorando. Soy muy curioso, me encanta el ingenio, los mecanismos… Y nunca pisaría un escenario si no fuera para hacer magia, que es lo que realmente me mueve.

¿Cómo vives ahora ser portada de nuestra revista? 

Una portada siempre es importante porque no hay muchas oportunidades. He salido en cientos de revistas, pero las portadas se pueden contar con los dedos de una mano. Formar parte de And Magazine 25 para mí es muy gratificante y, sobre todo, un honor. Salir en portada, y más viendo todas las personalidades que lo han hecho antes, me hace sentir especial. Siento gratitud y estoy muy contento de poder protagonizar la portada de este número.

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